Antes de confesarme todo, observé a mi madre ocultar con intensidad su agonía. Ella intentaba en vano encontrar el momento adecuado para hablar conmigo a solas. Sé desde niño que para ella no existe una cena más familiar que la cena de navidad, pero ni siquiera eso respetó. De repente se levantó de la mesa y me dejó solo con Karina (mi segunda esposa) y fue rumbo a su habitación de donde me llamó.
En el momento que cerró la puerta supe que sucedía algo serio, posiblemente se trataba de su salud, pero cuando escuché el ruido del cerrojo echando llave no sabía que pensar.
Con voz calma, ella trataba de escoger como empezar la conversación. De pronto descargó una violenta ráfaga de palabras que se dispararon con rapidez de su boca y sólo logre entender:
-Ayer, una mujer me presentó a mi nieto. ¡Tu hijo!
-La madre se llama Gabriela, Fernando el jovencito de 13 años.
Hasta ese instante recordé a Gabi, que amé como nunca antes he amado aún hasta el día de hoy. Guarde Silencio. Profundo silencio, mientras mi mente recorría grandes distancias escarbando en mis sentimientos el día que la conocí.
Era mi primer año en la universidad, ella estaba graduándose de sicóloga y me escogieron entre un grupo de alumnos para que nos pasara una serie de pruebas que servirían de respaldo para su tesis.
Su cuerpo no tenía atributos demasiado atractivos, pero debo reconocer que era bonita, elegante, madura. Lo que de verdad me cautivó desde el primer día, fue el impacto que causaba en mi su desbordante sensualidad. Poseía una magia que cada gesto, cada palabra, cada movimiento, cada detalle estaba enfocado en agitar la más adormecida libidinosidad.
Después de un par de semanas de admirar a la madura estudiante le ayude gentilmente a llevar un fardo de papeles a su automóvil. Agradecida me invitó a tomar un café y paramos en un Bar en el centro, estudié cada movimiento de sus labios que me revelaron que vivía en otra ciudad solo con su padre, que amaba a los perros y un segundo de ternura la podía trastornar. Jamás volví a enamorarme de nadie de la forma que lo hice con Gabi.
Despertamos desnudos agotados por aquella nocturna batalla que libramos en su cama. Se levantó de prisa para ir al baño y al regresar aquella intensa amante convertida en una tímida niño. Estaba aún vistiéndose cuando me entrego su número de teléfono escrito en un diminuto papel amarillo. Salimos corriendo de allí, hacía dos horas que debía haber emprendido el viaje de vuelta donde su padre. Llegamos a mi casa cerca del medio día, parecía todo un sueño del que no deseaba despertar. Se despidió de mí dejándome un dulce sabor en mi excitante recuerdo, me alejé prometiéndole llamarla al día siguiente.
No deseaba esperar hasta ese día para llamarla. Recuerdo que esa noche no puede dormir a pesar de estar muy cansado. Al día siguiente busque el papel con el teléfono de Gabi, pero no lo encontré por ningún lado, busque en todos lados, en mis libros, en toda la habitación y no encontraba el maldito papel amarillo, pasó el día entero y no cumplí la única promesa que le hice.
Corrí a buscar en la oficina de la universidad para averiguar si alguien tenía el número de ella, las secretarias me informaron que el único que podía tenerlo era el Director de la facultada de psicología que era amigo del padre de Gabi, pero este director estaba de viaje y regresaba en dos semanas.
Me volví loco cada día que pasaba esperando la llamada y al Director, Al fin obtuve el número mintiendo que tenía unos exámenes que ella olvidó. El teléfono sonó interminable pero nadie contestó. Lo mismo ocurrió al siguiente día, y así por tres días mas.
Continuará…




¡¡¡Chin…!!!, como me caen de mal los “Continuará…”, pero ni modo, hay que esperar, y espero que me avises cuando ya este la continuación.
Venia a agradecer tu visita a HISTORIAS&OPINIONES, por allá se te espera.
Saludos!!!
Hola gracias por tu visita y bienvenido a la blogosfera hispana, (lo digo porque creo que llevas poco).
…sigo leyendo la segunda parte.
Ok aqui estoy leyendo tu historia en capítulos…